La lampada marina
LA LAMPARA MARINA
Portugal, vuelve al mar, a tus navios, Portugal, vuelve al hombre, al marinero, vuelve a la tierra tuya, a tu fragancia, a tu razón libre en el viento, de nuevo a la luz matutina del clavel y la espuma. Muéstranos tu tesoro, tus hombres, tus mujeres. No escondas más tu rostro de embarcación valiente puesta en las avanzadas del Océano. Portugal, navegante, descubridor de islas, inventor de pimientas descubre d nuevo hombre, la islas asombradas, descubre el archipiélago en el tiempo. La súbita aparición del pan sobre la mesa, la aurora, tú, descúbrela, descubridor de auroras.
Cómo es esto?
Cómo puedes negarte al cielo de la luz tú, que mostraste caminos a los ciegos?
Tú, dulce y férreo y viejo, angosto y ancho padre del horizonte, cómo puedes cerrar la puerta a los nuevos racimos y al viento con estrellas del Oriente?
Proa de Europa, busca en la corriente las olas ancestrales, la marítima barba de Camoens. Rompe las telarañas que cubren tu fragante arboladura, y entonces a nosotros los hijos de tus hijos, aquellos para quienes descubriste la arena hasta entonces oscura de la geografía deslumbrante, muéstranos que tú puedes atravesar de nuevo el nuovo mar oscuro y descubrir al ombre que ha nacido en las islas más grandes de la tierra. Navega, Portugal, la hora llegó, levanta Tu estatura de proa Y entre la islas y los hombres vuelve a ser camino. En esta edad agrega tu luz, vuelve a ser lampara:
aprenderás de nuevo a ser estrella.
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